“Desearía saber que no has olvidado, después de una eternidad”

Perdí el norte, me perdí al sur, te perdí quizás en qué latitud y hoy me encuentro así como me ven.

Fue una hermosa época aquella. Me tomabas de la mano y salíamos a aplanar calles, en la mejor de las compañías, aún cuando no teníamos un veinte en el bolsillo, éramos felices, sólo tú y yo. Dos partes de un todo, ese todo que después de un tiempo se quebró en mil pedazos. Un trozo se clavó en mi espalda y aún duele cuando hace frío.

Fuimos por unos meses, sólo yo y tú.

Alegría al borde de la razón, cuando nos encontrábamos en aquel cuarto y al cerrar las cortinas veíamos nuestras almas errantes tal cual. Adorabas mis piernas, ¿recuerdas?. Cual metro en medio de un túnel único, recorríamos mil kilómetros una y otra vez, nuestros cuerpos, nuestras lágrimas, nuestros reencuentros.

Cada semana, anhelaba tu abrazo, contando las horas para descender de ese tranvía. A penas ponía un pie en tierra, veía tus ojos observando inquietos si mi pequeña figura se asomaba entre la gente.

Fuimos sólo tu corazón unido al mío.

¿Recuerdas nuestras noches?. Abrazados, enredados, curiosos. Y extraño ese calor que sólo nosotros éramos capaces de producir, de alimentar, de compartir. Nuestras noches, nuestro refugio y ya no había nada más que nos pudiera sacar de ese hipnotizante momento. ¿Me abrazas otra vez?. Qué ganas de poder mirarte a los ojos y pedírtelo. Me pregunto, ¿y si lo grito desde este rincón, vendrías a recogerme?. Me gustaría imaginar que sí.

Fuimos amantes, dos, uno…una eternidad.

¿Quién esperaría la insípida muerte física, cuándo estando a tu lado conocí esa pequeña muerte que nos dejaba extasiados?. Y volvías a abrazarme, a susurrar, a respirar al fin. Nuestras ropas ya no existían, y nuestros cuerpos se deshacían mientras nos acercábamos aún más, desafiando la gravedad, a la muerte, a la vida, ¡al mundo!. ¿Recuerdas qué tan fuertes éramos?. Invencibles en esa cama, primeros y últimos, tan corrientes entre la multitud, tan especiales al sentirnos.

Fuimos más que todo, más que mil océanos. Así fue nuestra fuerza.

Fuimos amantes, dos, uno, a ratos, por semanas, por unos meses…Sin embargo, lo creo. Fuimos amantes, tuya, mío…una eternidad.

Del film Hiroshima Mon Amour

Del film Hiroshima Mon Amour

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